Hoy he visto enloquecer
al silencio.
tocó la puerta de quien
invierte toda su fuerza física
en alguien que desnudo yace
en una perdida cárcel clandestina
del olvido.
Me susurra el dolor
me dirige fáctico
casi insesante la súplica de mi ayuda.
Lloro, lágrimas solidarias
se derraman palideciendo
el vientre de ese susurro
que yace en la garras de guantánamo.


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